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Publicidad que hoy sería prohibida

Cómo el marketing de los 50 a los 80 cruzaba todos los límites: sexismo, racismo y manipulación emocional

La historia de la publicidad es también la historia de nuestras contradicciones como sociedad. Y pocas épocas muestran esto con tanta claridad como las décadas de los 50, 60, 70 y 80. A menudo llamadas “la edad de oro” del marketing, fueron también años en los que la publicidad moldeó imaginarios profundamente tóxicos: roles de género rígidos, racismo normalizado, manipulación emocional sin límites y una fe ciega en el poder de la imagen para justificar cualquier mensaje.


Mirar estos anuncios hoy provoca incomodidad, rechazo e incluso vergüenza ajena. Pero ese malestar es valioso: nos permite comprender cómo la estética comercial puede naturalizar comportamientos y valores que, vistos desde la distancia, resultan inaceptables. Y al mismo tiempo, nos obliga a preguntarnos si realmente hemos cambiado… o si solo hemos refinado las formas de persuadir.


ÍNDICE:


1. Sexismo explícito: cuando la mujer era un accesorio del producto


dibujo de tres mujeres vestidas una de verde, otra de azul y otra de rojo, promocionando crema de afeitar
Anuncio crema de afeitar Rapide

La publicidad de mediados del siglo XX construyó un universo donde la mujer tenía un papel limitado y profundamente estereotipado. En anuncios de coches, bebidas, electrodomésticos o productos para el hogar, la mujer era presentada como:


  • Objeto de deseo para atraer la atención masculina.

  • Ama de casa subordinada, agradecida por recibir una aspiradora o un detergente “maravilloso”.

  • Compañía silenciosa, cuyo valor dependía de su apariencia, obediencia o capacidad para agradar.


Es fácil reírse hoy de estos anuncios tan desfasados, pero en su momento fueron tremendamente influyentes. No solo reflejaban los prejuicios de su época: los reforzaban. Alimentaban una cultura que decía a las mujeres cómo debían verse, comportarse y existir.




La pregunta incómoda es: ¿hemos superado por completo estos patrones?


En redes sociales, el cuerpo idealizado sigue siendo herramienta de venta. La diferencia es que ahora son las propias usuarias —presionadas por algoritmos y expectativas irreales— quienes reproducen estos códigos. El sexismo no ha desaparecido: simplemente se ha vuelto más sofisticado y “autoimpuesto”.



Dos anuncios de publicidad de 1952 y 2003 con el mismo estilo


Si quieres conocer más sobre cómo trataban a la mujer en la publicidad, puedes leer: Publicidad para idiotas: El arte milenario de reducir mujeres a packaging


2. Racismo normalizado: un mundo publicitario exclusivamente blanco


La publicidad de los 50-80 definía quién merecía ser representado… y quién no. La mayoría de anuncios eran protagonizados por personas blancas y acomodadas. Cuando aparecían minorías étnicas, era casi siempre en roles:

  • Serviles.

  • Exóticos.

  • Caricaturescos.

  • Totalmente estereotipados.


Marcas como Aunt Jemima, Conguitos o Blancaflor
Marcas como Aunt Jemima, Conguitos o Blancaflor

Anuncio de Dove 2017. Arriba hay dos imágenes de una mujer negra quitándose la camiseta y abajo dos imágenes de una mujer blanca quitándose una camiseta
Anuncio de Dove 2017

Algunas campañas directamente utilizaron lenguaje y visuales que hoy serían ilegales por discriminatorios. Estas representaciones no solo eran ofensivas: construían jerarquías simbólicas que influían en cómo la sociedad entendía la diversidad.

Hoy, el racismo en la publicidad es más sutil, pero persiste:

  • Campañas donde la diversidad se usa como elemento estético, no como inclusión real.

  • Perfiles racializados encasillados en ciertas categorías de producto.

  • Ausencias significativas: comunidades enteras que casi no aparecen en publicidad premium.

La estética ha cambiado, pero las lógicas de exclusión siguen presentes.


3. Manipulación emocional: vender a través del miedo, la vergüenza o la falsa autoridad


Entre los 50 y los 80 la regulación prácticamente no existía, y la publicidad aprovechó ese vacío para explotar vulnerabilidades humanas. Algunas prácticas que hoy serían ilegales incluían:


  • Falsos expertos recomendando cigarrillos, tónicos o productos milagro.

  • Anuncios médicos engañosos, muchos de ellos peligrosos.

  • Campañas basadas en la vergüenza social, especialmente en higiene y estética.

  • Promesas de bienestar emocional sin ningún tipo de evidencia.

Anuncio de tabaco de la marca Viceroy donde aparece un dentista y un paquete de tabaco
Anuncio de tabaco de la marca Viceroy

Si quieres más información sobre anuncios de tabaco antiguos, te recomendamos leer: Así nos vendían el tabaco: los anuncios más salvajes de la historia


Lo más inquietante es que estas técnicas no desaparecieron: simplemente cambiaron de formato. Hoy adoptan la forma de:

  • Microsegmentación algorítmica basada en inseguridades.

  • Influencers que recomiendan productos sin declarar intereses comerciales.

  • Mensajes “emocionales” optimizados para mantenernos enganchados al scroll.


La manipulación ya no es masiva: es personalizada.


Influencers recomendando productos cosméticos echándoselos en la cara
Influencers recomendando productos cosméticos

4. El espejo actual: lo prohibido del pasado vive disfrazado en el presente


Si comparamos la publicidad antigua con la actual, es tentador pensar que hemos avanzado enormemente. Y sí, hay mejoras innegables: regulación más estricta, sensibilidad cultural más alta y una vigilancia social más activa.


Sin embargo, muchos patrones pasados continúan existiendo bajo estéticas renovadas:

  • El cuerpo perfecto sigue vendiendo, ahora filtrado y retocado.

  • El racismo se oculta en la falta de representación real.

  • La manipulación emocional se automatiza a través de datos.

  • Las desigualdades se maquillan bajo discursos aspiracionales.


La industria publicitaria ya no cruza los límites abiertamente… pero los roza constantemente.


La cantante Sabrina Carpenter promocionando uno de sus discos donde se ve a la cante arrodillada y un hombre sujetándole el pelo
La cantante Sabrina Carpenter promocionando uno de sus discos

5. Lo que podemos aprender: ética, crítica y responsabilidad


Revisar la publicidad de los 50-80 nos muestra que aquello que una sociedad considera aceptable es profundamente cambiante. Quizá dentro de 30 años miren nuestras campañas actuales con el mismo horror que nosotros sentimos ahora por las antiguas. Y eso plantea preguntas cruciales:


  • ¿Qué estamos normalizando hoy sin darnos cuenta?

  • ¿Estamos creando expectativas imposibles sobre belleza, éxito y consumo?

  • ¿Quién controla realmente el mensaje: los creativos o los algoritmos?

  • ¿Qué papel debe tener la ética en el diseño publicitario?


La evolución del marketing no es solo tecnológica: es moral.


Conclusión: el pasado incomoda porque es demasiado familiar


chica rubia con camiseta blanca y pantalones vaqueros
Anuncio polémico de American Eagle en el que se hace referencia a que la actriz (rubia y blanca) tiene bueno "genes/jeans". En inglés ambas palabras se pronuncian parecido

La publicidad que hoy sería prohibida nos parece grotesca porque muestra sin filtros la crudeza de su época. Sin embargo, muchas de esas dinámicas siguen entre nosotros, más pulidas, más estéticas, más difíciles de detectar. Mirar hacia atrás no es un ejercicio de nostalgia ni de juicio, sino una herramienta para entender el presente y construir un futuro donde la creatividad no sea excusa para legitimar desigualdades.


En un momento en el que las imágenes reales, retocadas o generadas por IA circulan más rápido que nunca, la responsabilidad recae en cada creador. Y ahí es donde los estudios creativos toman un papel clave: apostar por una comunicación visual ética, cuidada, respetuosa y consciente del impacto cultural de cada imagen.


Acompañamos a marcas que quieren construir campañas coherentes, actuales y responsables.

Porque la buena publicidad no solo vende: también contribuye a un imaginario más justo. Y ese es el tipo de imagen que en FotoProStudio nos gusta crear contigo.



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Imagen nocturna de marquesina iluminada con Texto FotoPro
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